El sensor que parecía inofensivo… y estaba arruinando toda la línea

 

El problema real

Un cliente nos habló porque su línea estaba haciendo lo que quería: a veces paraba, a veces corría lento, a veces ni detectaba producto.
¿La causa? Un sensor que parecía reliquia arqueológica: sucio, mal calibrado y apuntando quién sabe a dónde.

El síntoma que confunde a todos

Lo peor es que un sensor fallando no siempre se nota.
La máquina cree que está leyendo bien… y tú crees que la máquina está fallando.
Pero no: es un simple “ojo” que dejó de ver.

El origen del caos

Cuando un sensor empieza a meter ruido, la lógica del PLC se vuelve loca: ciclos incompletos, conteos mal hechos, rechazos falsos, microparos y picos de tiempo muerto que nadie puede explicar.

La solución

La clave fue hacer algo básico que muchos olvidan: limpiar, alinear y recalibrar.
También ajustamos la sensibilidad y revisamos el rango real de detección.
15 minutos de trabajo… y la línea regresó a la vida.

El aprendizaje para industria

Un sensor sucio puede costarte horas de paro.
Y la mayoría ni lo revisa.
La solución no siempre es comprar más equipo; a veces es darle mantenimiento al que ya tienes.

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