No se trataba de apagar una falla, sino de devolverle estabilidad al proceso.
Después de la instalación y las pruebas en sitio, el sistema quedó operando de forma estable. Los reinicios desaparecieron, la operación se volvió predecible y el equipo volvió a trabajar sin sobresaltos.
Para el cliente, el cambio fue claro: menos incertidumbre y más confianza en su proceso.
Este tipo de proyectos no se trata solo de corregir una falla, sino de entenderla.
Si algo en tu proceso no falla siempre, pero cuando falla duele, vale la pena analizarlo antes de actuar.

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