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Una de las cosas más desesperantes de la pesca es que no siempre puedes ver lo que está pasando debajo del agua.

A veces cambias de lugar, revisas el anzuelo, intentas otra técnica y parece que no ocurre nada. Pero el hecho de que no veas movimiento no significa que no haya algo ahí. En los sistemas de control ocurre algo muy parecido con las fallas intermitentes. Pueden desaparecer durante horas, días o incluso semanas, y reaparecer justo cuando menos se esperan. Esto hace que el problema parezca inexistente cuando en realidad sigue presente dentro del sistema. Una señal inestable, una conexión deficiente, interferencia eléctrica o una condición fuera de especificación puede permanecer oculta hasta que se combinan las circunstancias adecuadas para generar nuevamente la falla. Por eso, muchas veces los problemas más difíciles de resolver son aquellos que no están presentes cuando se inicia el diagnóstico. Detectar este tipo de condiciones requiere analizar señales, secuencias y comportamiento del proceso para encontrar la causa raíz, en lugar de esperar a que la falla vuelva a aparecer por sí sol...

El variador no falla siempre, la falla es por situaciones adversas

 El motor se estaba disparando cada 10 minutos y nadie dudó del diagnóstico inicial.

Cuando hay sobrecorriente, el variador siempre es el primer acusado. Es lógico, es rápido y suena convincente.

Se revisó el equipo con calma.
Parámetros correctos, protecciones bien ajustadas, nada fuera de lugar. El variador no estaba mintiendo.

El problema no era eléctrico.
Era mecánico, intermitente y estaba aguas abajo de la línea. Un atasco que aparecía y desaparecía, suficiente para forzar el motor y provocar la protección.

El motor sufría.
El variador respondía.
Eso era todo.

No era una falla del equipo.
Era un error de enfoque.
Un falso encuadre.

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