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Una de las cosas más desesperantes de la pesca es que no siempre puedes ver lo que está pasando debajo del agua.

A veces cambias de lugar, revisas el anzuelo, intentas otra técnica y parece que no ocurre nada. Pero el hecho de que no veas movimiento no significa que no haya algo ahí. En los sistemas de control ocurre algo muy parecido con las fallas intermitentes. Pueden desaparecer durante horas, días o incluso semanas, y reaparecer justo cuando menos se esperan. Esto hace que el problema parezca inexistente cuando en realidad sigue presente dentro del sistema. Una señal inestable, una conexión deficiente, interferencia eléctrica o una condición fuera de especificación puede permanecer oculta hasta que se combinan las circunstancias adecuadas para generar nuevamente la falla. Por eso, muchas veces los problemas más difíciles de resolver son aquellos que no están presentes cuando se inicia el diagnóstico. Detectar este tipo de condiciones requiere analizar señales, secuencias y comportamiento del proceso para encontrar la causa raíz, en lugar de esperar a que la falla vuelva a aparecer por sí sol...

Un display mal configurado siempre encuentra a otros culpables

 

El reloj marcaba tiempos inconsistentes.
Un ciclo en 28 segundos, el siguiente en 40.

Conclusión inmediata: “ese panel no mide bien”.
Cuando los números no se repiten, el instrumento siempre es el culpable.

Se revisó el panel.
Configuración, reset, conteo… todo correcto.

El problema no era el reloj.
El tiempo se estaba tomando desde el punto equivocado del proceso.
El ciclo no empezaba donde todos creían.

No era un error de medición.
Era un falso encuadre.



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